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Polarizador de ideas

La utilización de estos materiales prefabricados de producción industrial, como el plástico o las estructuras metálicas, forma parte de la trayectoria creativa de Julio Mediavilla desde hace varios años. Una naturaleza industrial de los materiales que el autor ha venido utilizando como base para llevar a cabo distintas reflexiones sobre las relaciones humanas y la adaptación o inadaptación con el entorno. Sus obras han reflexionado sobre las tensiones que se desarrollan en estos marcos relacionales utilizando para ello hilos eléctricos incandescentes o pantallas de luz reflectantes que actuaban como verdaderos proyectores de ideas. Una obra concebida a partir de los contrastes que se establecen entre la frialdad del objeto industrial estático y la calidez de los conceptos  que suscitan las alteraciones eléctricas. Su Polarizador ha mantenido esta apariencia de objeto prefabricado pero cambiante y móvil al mismo tiempo. El carácter traslúcido de las piezas que lo componen permite absorber el campo lumínico exterior y, a la vez, proyectar su propia energía interior. Asimismo, el contraste entre el blanco y el rojo de las planchas plásticas acentúa las discontinuidades y la multiplicidad direccional de la obra así como la dialéctica entre la frialdad y la calidez del recinto que genera la pieza. Ahora es en las propias condiciones ambientales y significativas del espacio y en el modo de actuar de la pieza sobre el mismo donde se inicia la reflexión sobre las relaciones antes comentadas.

 

Se trata por tanto de una obra que desde su elemental estructura cilíndrica abre múltiples vías de comunicación con su marco espacial y con el espectador que la experimenta. Su contemplación externa sugiere una gran lámpara suspendida, absorbente y reflectante al mismo tiempo. Su geometría cilíndrica y la forma rectangular de las piezas que la componen la aproximan igualmente a estructuras arquitectónicas turriformes, espacios centrípetos que dominan el perímetro circundante pero que en este caso no se aísla del exterior sino que lo refleja y lo transforma. Esta cualidad reflectante así como la bicromía alterna diversifican la sensación de profundidad o verticalidad en función de la perspectiva y la altura desde la que se contempla. La suspensión de la pieza hasta aproximadamente un metro del suelo permite penetrar en su interior, en el recinto arquitectónico que construye, enriqueciendo de esta forma su capacidad generadora de experiencias sensoriales y su profundidad conceptual. Desde esta perspectiva interna la obra se convierte en una chimenea de luz en la que se concentra y transforma la luz cenital quedando el espectador envuelto por una pintura circular. Aquí la obra asume una naturaleza casi espiritual, atrapando al espectador en un recinto en que se elimina lo accesorio para concentrar lo esencial del contexto que le rodea. Esta polarización luminosa penetra y a la vez se dirige hacia el disco metálico superior, de forma radial y un simbolismo que remite a los discos solares. El espectador se encuentra así en el interior de un microcosmos que desnuda su experiencia sensorial y activa la esencialidad de su universo mental. Julio Mediavilla ha insertado en un espacio funcional una estructura en la que tienen cabida, por su monolítica y reductiva figura así como por su forma cilíndrica e infinita, todas las posibilidades, un punto de partida hacia la reflexión sobre las relaciones que establecemos con nuestro contexto vital.

 

Roberto Castrillo Soto

 

Fragmento del texto Polarizador de ideas sobre la instalación Polarizador de Julio Mediavilla. Hall Transformado.Facultad de Filosofía y Letras. León.2010.

 

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